MUSEO VIRTUAL DE

 

HISTORIA DE LA MASONERÍA

 

    

MELODÍA ESPAÑOLA PARA UNA TENIDA FÚNEBRE (1891)

  

No se puede hablar en sentido estricto de música masónica sino para referirse a la que se ha compuesto para ser utilizada en los rituales de las diversas ceremonias y actividades de la Orden. Sin embargo nada impide que, en sus obras destinadas al público general, un masón trate de expresar conceptos o ideas relacionados con la filosofía o la simbología masónicas. Tal es el caso, por citar un ejemplo, de La Flauta Mágica, la última de las óperas de Mozart.

En la sede salmantina del Archivo Histórico Nacional, Sección Guerra Civil, apartado de Masonería, se encuentra una partitura manuscrita en cuatro folios apaisados de la siguiente inscripción en tinta negra:

«A la logia CONSTANTE ALONA con motivo de la tenida fúnebre celebrada la noche del 30 de Octubre de 1891. “Recuerdo” melodía para canto y piano. Letra de D.ª Mercedes de Vargas, música de José Mª Fernández».

Se trata de música compuesta por un hermano masón español para ser interpretada en su logia. Junto con los banquetes (J. Torres Mulas, «El ritual de los banquetes masónicos», en Cultura alimentaria de España y América, Huesca, 1995, pp.279-317), las pompas fúnebres constituyen una de las ceremonias más características del ritual masónico; la muerte como regeneración, como tránsito hacia el «Oriente Eterno».

 

 

         
 

Tenida fúnebre abierta a profanos

 

 

En esta ceremonia podían asistir los familiares y amigos del finado, además de los masones cualquiera que fuese su grado, vestidos de riguroso luto excepto los guantes, que son blancos. La logia está revestida de paños negros y el frontal del altar se adorna con un cráneo plateado y dos tibias cruzadas; a su pie y a cada lado, sendos cestillos con flores. Se ilumina el templo con velones. En el centro, un catafalco sobre el que se colocan las insignias masónicas del difunto, sus guantes y una espada cubierta con crespón, una columna truncada y dos incensarios, y en una mesita sendos vasos de vino, de leche y de agua, que simboliza respectivamente la fuerza, el candor y la pureza.

Tal como describe un cuaderno de ceremonias perteneciente a la tinerfeña logia Añaza nº 1 y fechado en 1906, en la apertura y cierre de las tenidas fúnebres el Venerable da un golpe de mallete suave, que representa el nacimiento del hombre; el Primer Vigilante da un golpe fuerte, que representa la virilidad del fallecido; el Segundo Vigilante da un golpe imperceptible, que representa el último suspiro. Al inicio de la sesión se hace una batería de luto, consistente en dar silenciosamente tres golpes en la mano derecha sobre el antebrazo izquierdo. En viajes sucesivos en torno al catafalco se esparcen flores, se quema incienso y se suceden otros discursos del Orador y de algunos hermanos. Es notable la formación de la cadena de unión, que al circular la palabra sagrada queda interrumpida en el lugar que debería estar ocupado por el difunto, cuya ausencia se lamenta en tonos muy patéticos. También debería causar un gran efecto el momento en que, tras llamar al difunto por su nombre tres veces, el Venerable anuncia su tránsito a la Gran Logia Celestial, apagando con espectacularidad la antorcha que lleva en la mano, mientras clama dolorosamente por su ausencia.

Casi por las mismas fechas se celebró en la logia Amigos de la Humanidad nº 61 de Gijón, una tenida fúnebre que aparece relatada en una plancha de dicha logia fechada el 26 de diciembre de 1892; en memoria del hermano Antonio Pena y Arru: “…El templo ricamente vestido con colgaduras de negro sobre las cuales, y de trecho en trecho, se veían dibujado en blanco calaveras, huesos, lágrimas e inscripciones, revelaba el gusto y seriedad con que este taller sabe representar sus actos más sencillos. En el centro se levantaba un elegante y severo catafalco de dos cuerpos cubierto con paño de terciopelo negro. Encima se hallaba el ataúd y sobre él una calavera, las condecoraciones y joyas del difunto y dos hermosas coronas que los hh. y la familia del finado le dedicaban a éste. El altar, el trono, las mesas de lo oficiales y todos los asientos estaban cubiertos de luto. Además de la luz eléctrica, el recinto estaba alumbrado con 27 velas distribuidas con arreglo al ritual y con corbatas de crespón negro que también llevaban todos los hh.. en el brazo derecho. A las nueve de la noche, después de reunidos en el templo todos los hh.. del Taller en traje de rigurosa etiqueta, se abrieron los trabajos con arreglo a ritual. En el momento señalado se dio entrada a los hh.. Visitadores, detrás de ellos a las comisiones de las logias “Perla del Cantábrico” de Gijón y “El Trabajo” de Trubia, y por último a las señoras, amigos y parientes del finado. El local no podía contener a tantos como asistieron a pesar que las invitaciones habían sido muy limitadas. El espectáculo era imponente. Con arreglo al rito el Ven.., el 1º y 2º vigilantes y los maestros de ceremonias practicaron ante el catafalco con una gran seriedad y gravedad el ceremonial de costumbre. Varias señoras no pudieron contener sus lágrimas al ver la triste, seria y conmovedora ceremonia, al ver el profundo silencio, la grave religiosidad, el respeto y la tristeza que en todo se retrataba. Este triste efecto se aumentó cuando el Ven.. al apagar, conforme al ritual, y al pie del catafalco, la antorcha que llevaba en su mano, se apagó también la luz eléctrica, dejando al recinto en una semioscuridad alumbrada sólo por las velas. Después de acudir, también en modo ordenado, las señoras y los profanos a depositar sobre el féretro los ramos de siemprevivas que oportunamente habían recibido de manos de los Maestros de Ceremonias, y cuando todos los masones presentes con recogimiento y respeto habían depositado sus ramas de acacia, y cuando se concluyó la fúnebre ceremonia, el Ven... Maest... concedió la palabra al h... Orador, el cual, en medio de la más viva expectación, leyó un discurso cronológico sobre el finado, discurso lleno de sentimiento y de verdad, que honró mucho a su autor. A continuación otros cinco hermanos leyeron hermosos trozos de arquitectura, trabajos que de antemano se les habían encomendado y que eran todos alusivos al triste acto que se celebraba, destacándose entre ellos el del h.. Secr.. Agapito Llames, el cual, conmovido profundamente y ahogándole la voz los sollozos, tuvo que sentarse sin poder terminar su lectura. Por último usó de la palabra el h.. Ven... Maest..., el cual pronunció un brillante discurso sobre los dos grandes principios masónicos: la creencia en el Gr.. Ar.. del U.. y en la inmortalidad del alma […] Terminados los discursos, recorrido el saco de beneficencia, dedicado su producto a una familia desgraciada, hecha la cadena y prestado el juramento y facilitada la salida a los profanos, se cerraron los trabajos con arreglo al ritual, saliendo todos altamente satisfechos. Tres horas duró este grandioso acto y el tiempo pasó para todos velozmente; nadie experimento cansancio alguno…” 

 

El texto y la música de «Recuerdo»

Hemos de considerar la partitura que nos ocupa como una contribución a la ceremonia de homenaje a la memoria de la hermana fallecida, miembro de la logia; composición musical que evoca su ingreso en la Orden:

 

«Noche solemne en que por vez primera

en el sagrado templo vi la luz

y en los umbrales arrojé, gozosa,

de la ignorancia la pesada cruz.

Desde el fondo del alma, hermanos míos,

os saluda mi inmensa gratitud.

Quiero ser digna de bondades tantas

procurando imitar vuestra virtud;

quiero, con mi entusiasmo y mi desvelo,

combatir con vosotros el error;

quiero tender mi mano al afligido

y consolar sus penas con amor.

Quiero en fin, aunque débil, ayudaros

a que impere en el mundo la razón

y a matar de una vez y para siempre

la terrible y fatal superstición».

 

     Extractado de: Jacinto Torres Mulas (Escuela Superior de Canto, Madrid), “Melodía para una tenida fúnebre” en J. A. Ferrer Benimeli, (coord.), La masonería española y la crisis colonial del 98”, VIII Symposium Internacional de Historia de la Masonería Española, Zaragoza, 1999, pp. 113-140.

      Extractado de: Victoria Hidalgo Nieto, La masonería en Asturias en el siglo XIX, Aproximación a su estudio, Oviedo, 1985.

 

             

        
  

IR A PÁGINA PRINCIPAL